• Luz y Gael

Bendecidos, amados...


El infortunio con el que nuestra mente nos lleva a observar la realidad nos provoca desdicha, desilusión, apatía, enojo. Nos hace sentir que la vida es una carga pesada que debemos arrastrar, una lucha sin parada, una carrera llena de obstáculos y dificultades. Así como pensamos, así es como nos sentimos. La mente negativa baña todo de complejidad. Y así es como resulta la vida cuando caminamos alejados de nuestro corazón, de las bondades de nuestro Ser.

¿Cómo podemos pasar del enfermizo enojo por el supuesto infortunio de la vida a la sana gratitud del corazón? Porque lo cierto es que podemos ser tanto una cosa como la otra. De nosotros depende. ¿Te diste cuenta de esto? Ahora, en este instante que estás vivo, que respiras, ¿cuál es el problema tan importante que te impide sentirte feliz, pleno?, ¿qué o quién determina cómo puedes sentirte ahora? Álzate, con la fuerte determinación de tu Ser, sobre los comportamientos caprichosos y torpes de tu mente para poder divisar el horizonte. Tienes toda la fuerza y la sabiduría que necesitas para ello. Desecha y corta con la espada de tu verdad todo aquello que no te sirve. Zanja con tu espada poderosa las brezas de toxicidad, las malas hierbas, los ilusorios brazos del miedo. Siéntete el invencible guerrero de luz que eres.

Todo aquello que te distancia de Dios es una ilusión pesada.

Siente las cargas que arrastras, las inercias que te hacen daño. No las rechaces, no las tengas miedo. Forman parte de la naturaleza humana. Todos padecemos de inercias que nos limitan. Tan solo obsérvalas desde tu parte eterna, inmortal, neutra. Como un cuenco, abre tu pecho, inhala profundo una y otra vez y ensancha tu poder interior para dar cabida a todo lo que eres. Ábrete a lo divino que llevas dentro. Abre los brazos para recibir su bendición.

Mantente erguido y fuerte, contemplando los juegos de tu mente. Mantente regio ante los cambios. Míralos de frente, como árbol que recibe al viento y dite: “No hay nada que pueda vencerme porque yo soy Él, soy aquello que trasciende la adversidad, que va más allá de la ilusión. Podrás golpearme, agitarme, apartarme temporalmente de mis metas, pero no podrás derribarme totalmente”.

Siéntete agradecido por todo lo que eres ahora, por todo el don divino que te ha sido entregado. Vive todo el amor con el que Él te ama. Todo lo que eres ahora es fruto de tu relación con Dios. Amplíala, ensánchala, enamórate de Él y te enamorarás de la vida. Siente su acción en ti, el cariño y el dulzor con el que te ama. Siéntete bendecido.

El camino más reconfortante de la vida es el camino del conocimiento propio. No hay nadie mejor que tú para conocerse, tratarse y superarse.

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