• Luz Boscani

Comer con conciencia


[...] Gracias a la fórmula del Índice de Masa Corporal que se calcula en base a nuestra altura, sexo y edad, podremos hacernos una idea de lo que médicamente deberíamos pesar para poder gozar de buena salud.

Ahora bien, si nos sentimos bien físicamente, ¿qué importancia puede tener el engordar o adelgazar? No llegamos a este mundo a competir en un concurso de belleza física. No estamos aquí para vivir completamente perseguidos y agobiados por las calorías que consumimos y si engordamos o no. Reflexionemos. No llegamos aquí para enfermarnos.

Me encantaría que cuando alguien habla de comida nuestra mente no dispare automáticamente la alarma de posible gordura. Insisto, siempre y cuando no perjudique nuestra salud, que es lo más importante.

La alimentación hace mucho más que dejarnos robustos o esqueléticos. Se encuentra estrechamente ligada a nuestro bienestar psíquico, físico y espiritual. Cuando comemos mal, nos enfermamos y nos sentimos estresados, pero cuando nuestros hábitos alimentarios son buenos nos sentimos cargados de energía y con el corazón feliz.

Nuestros estados emocionales dependen en gran parte de la comida que ingerimos. Por ejemplo, aunque hayamos disfrutado de un trozo de carne sabrosísimo y nos sintamos felices, nuestro organismo tardará aproximadamente más de cuarenta y ocho horas en digerirlo. Le llevará un arduo trabajo hacer su debida digestión. Ese proceso nos hará sentir irritados por dentro, más violentos, más angustiados; aunque no lo notemos, esto estará pasando de fondo, de una manera sutil.

Para despertar y darnos cuenta debemos hacernos la siguiente pregunta: “¿A mí me gusta que me traten mal?" Y no es así, ¿por qué tratamos mal a nuestro cuerpo? Él está lleno de vida y no desea, al igual que nosotros, ser castigado.

Meditemos sobre este punto clave.

Para sentirnos bien es vital que aprendamos a alimentarnos. Dios, el Tao, la Inteligencia Creadora, nos ha traído a este mundo con una perfección que el hombre y su ciencia jamás podrían igualar. Nuestro organismo está conformado por millones de células, delicados órganos, venas, fluidos, músculos, arterias y miles de cosas más. Todas ellas bailan juntas al mismo ritmo con una sincronicidad milagrosa para que podamos hablar, caminar y pensar. Para que su funcionamiento se mantenga en perfecto estado y no haya desarreglos, debemos ocuparnos de darle el combustible necesario. Es decir, el requerimiento nutricional, que es la cantidad mínima de energía calórica, principios inmediatos (proteínas, hidratos de carbono y lípidos), agua, vitaminas y oligoelementos necesarios.

Cuando somos pequeños nadie nos cuenta cómo debemos alimentarnos, ni tenemos Nutrición como materia en el colegio, con lo cual es muy fácil caer en malos hábitos alimenticios. De adultos nos preguntamos por qué nos sentimos mal y no sabemos cuál es la causa. Pero yo te aseguro, con total certeza, que la forma en que comemos afecta directamente no solo nuestro cuerpo, sino también nuestro sistema nervioso y nuestro estado de ánimo.

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