• Luz y Gael

Toma HOY responsabilidad de tus emociones.



Gael: Cuando nacemos no sabemos qué es ser responsables, otros cuidan de nosotros. Nuestra mamá nos abraza, nos cuida. Nuestra vida está en manos de otros.

Unos años después, nos enseñan que debemos hacernos responsables de determinadas cosas. “Tienes que lavarte los dientes, tienes que estudiar y sacar buenas notas, etcétera”. La niñez se va diluyendo en una rocambolesca y forzosa toma de responsabilidad. Vamos a la guardería o al colegio y seguimos aprendiendo a cerca de qué cosas debemos tomar conciencia y responsabilizarnos y qué no.

Recientemente, he descubierto qué significa para mí ser responsable. Se ha convertido en un trabajo que me gusta. Trato de escuchar a mi corazón para que comparta su alegría de vivir con mi mente. Cuando experimento tristeza o enojo, me pregunto qué sucede en mi interior.

Apagar los sentidos, meditar y observar los pensamientos, los sentimientos, lo que sucede en mi interior se ha convertido en mi verdadera responsabilidad. También ofrecerle espacio a la Fuente de sentido en mi vida me lleva a escribir. Cuando lo hago me siento en sintonía con todo, siento que estoy haciendo lo que tengo que hacer. Es algo natural.

Me siento responsable de la relación que tengo con mi vida, cuido a mi Dios. Trato todos los días de esmerarme para no defraudar a mi corazón. Detalle a detalle, aparto mi ego para permitir que la verdad, la cual todos llevamos dentro, vaya esculpiéndome, como esos retablos antiguos de madera, trabajados con tanto amor y cuidado.

No tengo mucho más que hacer con mi persona que entregársela a la Fuente de la cual procede.

La responsabilidad va unida al amor. Te haces responsable de aquello que amas. El buscador ama la voz de su corazón, así que se hace responsable de escucharlo.

Luz: Tal como lo cuentas, todos nos hacemos responsables de lo que sentimos que nos pertenece, ¿no es así? De nuestra casa, de pagar los impuestos, de estudiar, de nuestros hijos, del trabajo, de la familia, de nuestras mascotas. Pero, ¿qué ocurre en nuestro interior para no hacernos responsables de nuestra propia vida, de nuestras emociones y sentimientos? Creo saber qué está detrás… el ego, la mente perdida en lo mundano y vacío.

La verdadera responsabilidad parte de un espacio de verdad, de una conciencia expandida e ilimitada. Hace unos años comenzamos juntos a tomar responsabilidad por nuestra vida, a entablar un diálogo dulce y sin tiempo con nuestro corazón, a procurar alimentarnos de forma saludable, a cuidar nuestro cuerpo con una rutina de ejercicios, a ofrecer amor a todas las personas que nos rodean, a ser responsables de nuestras emociones, a desarrollar nuestra leyenda personal, nuestra misión en la vida.

Pero, por sobre todas las cosas, tomamos responsabilidad de la limpieza de creencias y patrones mentales que estaban corroyendo el canal de comunicación divino con nuestra alma. De esa limpieza nos encargamos todos los días y, poquito a poquito, pudimos ver los resultados milagrosos que este proceso arrojaba. Este apasionante, pero no por ello menos laborioso, proceso es una responsabilidad que nos brinda una plenitud inexplicable. Ver con claridad cosas que antes no veíamos ni a miles de kilómetros es maravilloso. Hemos observado cómo los milagros se manifiestan, pero lo más bello es poder contemplar la presencia de Dios en todo lo que nos rodea.

Todo esto ha sido gracias a tomar responsabilidad de nuestra propia vida, de nuestros pensamientos, de nuestras emociones. Dejamos de mirar a quienes nos rodean repartiendo culpas por aquí y allá. ¿Quién sino nosotros puede vivir nuestra vida? ¿Quién se ocupará de hacernos felices?, ¿nuestro móvil?, ¿nuestro coche?, ¿un vecino?

Siempre insisto con esta idea: “Toma responsabilidad por tu vida si lo que deseas es sentirte verdaderamente feliz, si anhelas que esta cobre sentido. No le des el control remoto de tus emociones a alguien más, no permitas que tus pertenencias controlen tu vida, no dejes que los demás construyan tu autoestima”.


Continúa disfrutando de la lectura de la obra Que el alma importe, una conversación que cambiará tu forma de ver la vida para siempre.

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